El cine se convulsionó cuando se estrenó al unísono las películas de Oppenheimer y Barbie, volcando a las personas a llenar las salas de cine, en lo que fue un fenómeno que revitalizo al cine, en esta ocasión hablaremos de la nueva película de Christopher Nolan, que narra la vida del físico J. Robert Oppenheimer, encargado de dirigir el Proyecto Manhattan, que realizo la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial.
Nolan es sin duda uno de los cineastas más relevantes de la actualidad, de los pocos que logra combinar las historias de autor con las mega producciones que se comparan con los blockbusters más populares, algo similar a lo que en su momento hacía Steven Spielberg. En esta ocasión Nolan filma por completo en formato IMAX la que es probablemente su historia más intimista. Esta dualidad podría ser extraña, pero no para el cineasta de Reino Unido.
La cinta nos llena de imágenes con planos cerrados cada vez que seguimos la vida del protagonista, pero también abriendo la imagen para mostrar la magnitud de la creación de la bomba atómica, todo rodeado de un aire de tensión entre todos los participantes; científicos, políticos, militares y la sociedad que vivía bajo el terror de que los enemigos pudieran desarrollar primero la bomba más mortal que se conocía hasta ese entonces.
De todo lo que podemos esperar de la historia, el director se enfoca en mostrarnos la complejidad de que constituía a Robert Oppenheimer, tanto antes como después de la creación de la bomba, pues en su personaje, Nolan apoya todo el guion para mostrarnos las aristas de la historia, desde lo que significaba para la ciencia los avances que se lograron al dividir el átomo, el dilema moral que implica construir un arma del calibre para aniquilar el planeta entero, la división que provoco dentro del circulo científico y político en Estados Unidos y por si fuera poco los demonios propios que cargaba el llamado “Oppie”.
Ante tantos hilos en la trama Nolan decide contar la historia con múltiples saltos temporales, entre flash backs y flash forward, vemos pasado, presente y futuro de manera “desordenada” pero perfectamente pensada para que la trama encuentre sus puntos dramáticos en los momentos necesarios. Algo que le gusta mucho a Christopher Nolan, pues lo hemos visto en su cine desde sus inicios, como el caso de Memento, El Origen o Dunkerque.
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Por todo lo dicho esta es una de las mejores cintas de Nolan, pues combina con maestría todo lo que hemos visto en su trabajo a lo largo de su filmografía, desde su puesta en escena, el desarrollo de la ciencia en sus guiones, la narración por partes y la realización de efectos prácticos en lugar de crearlos de manera digital, en Oppenheimer el director logra un gran equilibrio entre todas, para contar la historia basa en el libro “El Prometeo americano”.
Sin duda esta cinta será una de las más reconocidas en las siguientes temporadas de premios, debido tanto a sus cuestiones técnicas, como la dirección, guion y actuación, apartado donde sorprende ver a la cantidad de estrellas que participan en la cinta, ya sea con personajes que aparecen pocas veces o los que tienen más protagonismo en pantalla, resaltando las interpretaciones del protagonista, hecho de manera magistral por Cillian Murphy, al igual que Robert Downey Jr. Interpretando a Lewis Strauss o Ben Safdie como Edward Teller.
En resumen, Christopher Nolan logra capturar perfectamente el estrés y locura que se vivió en aquel contexto histórico, como tanta responsabilidad quebraba lentamente a Oppenheimer, mientras el mundo observaba la brutalidad de la ciencia aplicada en un arma como la bomba atómica, algo que impacto en la vida del físico por el resto de su vida. A pesar de estar filmada con la cinta y cámaras más grandes posibles la mayor parte de la película vemos tomas intimas, personales, cerradas que nos encarnan en la piel de nuestro protagonista.
Pero en el momento en que llega las grandes escenas, Nolan no defrauda, llegando a tener al espectador con la tensión en los puntos más altos, con un gran uso de los efectos de sonido al igual que los visuales, Nolan te da justo lo que creerías que pasará, pero en el momento en que menos lo esperas, dándonos un biopic con tintes de drama, horror, trihiller y suspenso.
Las tres horas de duración de Oppenheimer podrían ser de las cuestiones que harán al espectador dudar si someterse a tal experiencia, pero sin duda para todos los aficionados de la gran pantalla esta es la película que reúne una masterclass de los mejores directores de la actualidad.