La política no es una lucha de ángeles contra demonios, sino que debe partir del fundamento que nuestro adversario político es un ser humano
Carlos Castillo Peraza
La semana pasada el Pleno de la LXI Legislatura del Congreso local tomó una decisión en franca violación a lo dispuesto en su propia Ley Orgánica, al reconocer la creación de un Grupo de Diputados sin Partido. No es que esté en contra de las Diputadas y Diputados que decidieron en uso de su derecho: renunciar a sus respectivos partidos y quedarse como Diputados sin Partido, como tampoco estoy en desacuerdo con que se cree la figura de Grupo Legislativo Plural; lo que no comparto es que el Poder Legislativo encargado de reformar, modificar o crear las leyes que regulan la vida de los ciudadanos, sea el que viole su propia normatividad y peor aún, a propuesta de su mayor órgano regulador como lo es la Junta Gobierno.
Es decir, el Artículo 85 de la Ley Orgánica del Congreso textualmente reza:
Artículo 85.- Un grupo legislativo se conforma cuando menos por dos Diputados.
Cuando un partido político con registro en el Estado se encuentra representado en el Congreso por un solo Diputado, este asumirá una representación legislativa.
En ningún caso los Diputados que se separen de su grupo legislativo podrán constituir otro nuevo, pero sí podrán integrarse por única vez a uno ya existente. El Diputado que no desee integrarse a alguno será considerado Diputado sin partido.
Ningún Diputado podrá formar parte de más de un Grupo Legislativo.
El Poder Legislativo es una de las ramas fundamentales del Gobierno en cualquier sistema democrático. Su función principal es la creación y modificación de leyes que regulan la convivencia en la sociedad. Sin embargo, para que este poder cumpla efectivamente su rol, es esencial que esté sujeto a un marco normativo que garantice su transparencia, responsabilidad y legalidad en sus acciones.
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En este sentido, la importancia de que el Poder Legislativo acate su propia normatividad radica en varios aspectos clave, que son los siguientes:
1. Legitimidad democrática: El cumplimiento de la normatividad por parte del Poder Legislativo fortalece su legitimidad democrática. Cuando los legisladores respetan las leyes y reglamentos que ellos mismos han establecido, demuestran un compromiso con los principios fundamentales del Estado de Derecho y el respeto por las instituciones democráticas.
2. Transparencia y rendición de cuentas: La normatividad interna del Poder Legislativo, que incluye reglamentos internos, códigos de ética y procedimientos para la toma de decisiones, contribuye a garantizar la transparencia en su funcionamiento. Al acatar estas normas, los legisladores facilitan el escrutinio público de sus acciones y decisiones, lo que a su vez fortalece la rendición de cuentas ante la ciudadanía.
3. Protección de derechos y libertades: El Poder Legislativo tiene la responsabilidad de proteger los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos a través de la creación de leyes justas y equitativas. Al cumplir con su propia normatividad, se establece un marco legal sólido que protege los derechos de todos los ciudadanos y evita posibles abusos de poder por parte de los legisladores.
4. Eficiencia y efectividad legislativa: El respeto por la normatividad interna del Poder Legislativo contribuye a mejorar su eficiencia y efectividad en la elaboración de leyes. Al seguir procedimientos claros y establecidos, se agilizan los procesos legislativos y se reduce el riesgo de conflictos internos que puedan obstaculizar el trabajo legislativo.
Por todo lo anterior, es preciso puntualizar que el Poder Legislativo debe y tiene que ser un ejemplo para la sociedad, ya que es una institución que ejerce una influencia significativa. Claramente con los hechos ocurridos en la Sesión Ordinaria del pasado 15 de febrero, en la cual por mayoría de sus integrantes decidieron la creación de un grupo plural de Diputadas y Diputados en contravención a lo dispuesto en su propia Ley Orgánica.
Aquellos Diputados de esta LXI Legislatura, quienes votaron a favor de la creación de un nuevo grupo de Diputados sin partido, olvidaron la importancia de que el Poder Legislativo debe acatar su propia normatividad, con el objetivo de fortalecer la legitimidad democrática, garantizar la transparencia y rendición de cuentas, proteger los derechos y libertades de los ciudadanos, mejorar la eficiencia legislativa y servir como ejemplo para la sociedad.
Esperemos que este paso no de pie a más retrocesos y contradicciones de esta LXI Legislatura del Estado Puebla, ya que estamos obligados como legisladores a cumplir con las normas y desempeñar nuestras funciones por la representación de los intereses ciudadanos y no partidistas o personales.